La Master Sommelier francesa Marie-Louise Banyols, con 15 años de experiencia en el prestigioso grupo Lavinia primero en España y luego en Francia, es una gran conocedora de los vinos de nuestro país y una de las autoras más influyentes en el sector del vino de habla francófona.

Hace unos días publicó un nuevo reportaje en el medio digital “Les 5 du Vin” dedicado en esta ocasión a la viticultura en la isla de Tenerife que suma a los anteriores publicados sobre las islas de La Palma y Lanzarote.

En el mencionado artículo Marie-Louise Banyols desgrana la historia, las variedades, los tipos de conducción y como su combinación con los distintos climas, suelos de origen volcánico y una cambiante orografía que llega hasta los tres mil metros desde el nivel del mar, hacen que la viticultura de la isla sea tan especial y única, respondiendo al porque del éxito de los Canary Wine en el exterior de nuestras fronteras.

Te dejamos íntegro el artículo escrito por Marie-Louise Banyols no sin antes agracerle la visita a nuestra isla y la charla mantenida con nuestro director de bodega Juan Jesús Méndez que sirvió para la elaboración de dicha publicación.

UNA ESCAPADA A TENERIFE

Marie-Louise Banyols

Después de La Palma y Lanzarote, continuamos nuestra escapada enológica en Canarias.Tenerife, la isla más poblada y más grande del archipiélago de las Islas Canarias, está dominada desde sus 3.718 metros de altura por un volcán aún activo, el Teide (el tercero más grande del mundo y el más alto de España). Aunque Tenerife basa actualmente su economía en el turismo, es un lugar mágico para la vid. Sus vinos tienen una gran historia arraigada en sus cepas centenarias.

Un poco de historia

La vid llegó a Tenerife en el siglo XV. Probablemente fue el portugués Fernando de Castro quien, en 1497, plantó el primero allí.

En los siglos XVI, XVII y XVIII, la industria del vino alcanzó su apogeo gracias a la posición estratégica de la isla, un punto vital para los viajes largos a América, Ciudad del Cabo y otros lugares. A partir del siglo XVI, los vinos de Tenerife se exportaban a Europa e Inglaterra donde eran muy apreciados; Shakespeare o Walter Scott hablaron de ello, citando especialmente a Malvasía en algunas de sus obras. Tenerife era también una escala imprescindible y en sus puertos, todos los marineros atracaban para cargar el famoso Vino de Canarias en sus barcos.

Sin embargo, con la Revolución Francesa, la industria vitivinícola de la isla se desaceleró. La España conquistada por Napoleón, el Reino Unido (y su marina amante del vino) se dirigió a Madeira y Oporto a expensas de Tenerife. Además, unos años más tarde, una erupción volcánica destruyó el puerto de Garachico, del que solían partir barcos cargados de vino hacia Europa. No fue hasta finales del siglo XX, y el auge del turismo, que la industria vitivinícola local salió de su declive.

Hasta el siglo XIX, la variedad más noble y cultivada en la isla era la Malvasía. Esta variedad de uva hizo que sus vinos fueran mundialmente reconocidos. Incluso sedujo a los padres fundadores de Estados Unidos, se dice que el brindis para celebrar la Constitución de Estados Unidos que llevó George Washington se hizo con la Malvasía de Canarias. Los viñedos perdieron terreno ante los plátanos, pero la vid nunca ha desaparecido de la tradición y sigue siendo uno de los principales cultivos de la isla.

Clima y suelos

La presencia del Teide divide la isla en dos influencias climáticas, una más atlántica al norte y otra más mediterránea al sur. La mayor parte de las cepas de Tenerife se concentran en la zona norte caracterizada por la influencia de los vientos alisios que dejan un mar de nubes sobre sus cepas, con una elevada humedad relativa que conlleva complicaciones y posibles enfermedades. Mientras que en el sur el clima es más árido, con más sol, pero con la posibilidad de escalar la cordillera para jugar con la altitud como aliado que permite una maduración más lenta y fresca. Otra peculiaridad radica en el hecho de que en la región de Taganana, en el noreste de la isla, la zona es de tan difícil acceso, que aún existen cepas centenarias sin identificar que crecen en dicha zona.

Como la filoxera nunca ha llegado a Canarias, las cepas centenarias han sobrevivido con las variedades de uva tradicionales de la isla, también gracias al esfuerzo de miles de viticultores. Por esta razón Tenerife aún conserva un extraordinario patrimonio varietal.

La intensa actividad sísmica en la región ha dado lugar a la formación de una rica paleta de suelos, que van desde los suelos de arena volcánica o abona “jable”, hasta las terrazas arcillosas del valle de Güímar, o suelos volcánicos y orgánicos del norte, lo que, unido a la influencia climática y las diferentes altitudes que ofrecen determinadas zonas de la isla, permiten jugar con innumerables variables a la hora de elaborar vinos únicos y representativos.

Tipos de conducción

Es sorprendente que un territorio tan pequeño albergue tal variedad de uvas y métodos de conducción de la vid. Desde la orilla del mar hasta más de tres mil metros de altitud, la combinación de los climas locales, los vientos, las precipitaciones, los suelos y la orientación determinan el desarrollo del viñedo y dan lugar a sistemas tradicionales de conducción de la vid únicos en el mundo. En unos pocos kilómetros, los cultivos de la costa dejan paso a los de la parte superior del Teide; de las zonas más secas y soleadas del sur a las zonas húmedas y verdes del norte, acariciadas por los alisios; viñedos en el mar de nubes y enraizados en tierras volcánicas que le confieren una riqueza y un carácter únicos en el mundo. En Tenerife conviven diferentes formas de cultivo de la vid en función de la región y del tipo de uva de que se trate. Es el resultado de la interacción entre los cultivadores de diferentes orígenes que se asentaron en la isla, así como su orografía y su orientación frente a los vientos alisios de las diferentes zonas de desarrollo de los distintos tipos de cepas.

En la comarca de Tacoronte-Acentejo predomina la Espaldera Baja (0,80 m), sostenida por pequeñas horquillas hundidas en el suelo. La isla tiene muchas características únicas, como las cepas de Cordón Trenzado típicas del Valle de la Orotava. En la región de Ycoden-Daute-Isora, se utilizan varios sistemas, el más peculiar, el Emparrado de Icod. En el sur de la isla predomina el Emparrado Bajo, mientras que en las zonas altas (como Vilaflor, la comarca de Abona o los Pelados de Güímar) se encuentra el cultivo En Vaso.

Variedades de uva

Varias oleadas de introducciones desde España, Portugal y Madeira han dado lugar a una herencia vitivinícola única y muy variada: el más famoso y es el Listán Negro, pero también están Listán Prieto y Listán Blanco (Palomino Fino genéticamente idéntico, pero con un carácter completamente diferente ) así como Tintilla, genéticamente idéntica a Trousseau du Jura, alias Bastardo / Merenzao y Albillo Criollo (otro nombre de Albillo Real). La otra parte de las variedades de uva proviene de Portugal y en particular de Madeira, como Negramoll, Verdello y Gual (más conocida como Boal); mientras que Baboso Negro es genéticamente idéntico al Alfrocheiro Preto de Dão. Otras variedades de uva desafían tales atribuciones: Marmajuelo, Vijariego y Malvasia di Lanzarote son distintas y autóctonas solo de Canarias, o no se han asociado de manera concluyente con otras variedades de uva o ancestros.

La isla alberga no menos de 82 variedades, de las cuales alrededor de 30 se encuentran en producción comercial.

En resumen, las variedades de uva más habituales en los vinos blancos son: Listán Blanco, Malvasía, Gual, Albillo Criollo, Vijariego Blanco, Moscatel, Marmajuelo y Verdello. Los vinos blancos fueron los primeros en producirse en Tenerife con cepas traídas de Grecia. En un principio, la malvasía se cultivaba en las zonas bajas de Tenerife. Tiene un retrogusto anisado, mezclado con aromas frutales y florales, y es diferente tanto al de Lanzarote como al de la España peninsular. Hoy la diversidad de vinos blancos es muy amplia. Desafortunadamente, en Europa continúan sin ser reconocidos.

Para los rosados ​​y tintos, las variedades de uva más habituales son Listán Negro, Negramoll y Tintilla. Otros como el Baboso Negro son más raros porque son un poco frágiles, pero el resultado es único. Por otro lado, la Listán Negro es una variedad de uva muy resistente y robusta.

La isla tiene cinco regiones vinícolas y cinco D.O

En sus 2.034 km2 de superficie, la isla más grande del archipiélago canario alberga cinco denominaciones de origen. El año 1985 marcó el nacimiento de la primera denominación de origen concedida a la isla, más concretamente a los vinos de Tacoronte-Acentejo, que reactivaron el sector vitivinícola tinerfeño. Hoy la isla cuenta con cinco regiones vinícolas bien marcadas: Tacoronte-Acentejo, Ycoden-Daute-Isora, Valle de la Orotava, Valle de Güímar y Abona. En estas regiones, el suelo volcánico en el que se cultivan las vides les confiere un carácter especial y matices diferentes. Ofrecen vinos muy característicos, frutos del carácter volcánico y atlántico con aromas y sabores especiales.

Debería incluir una sexta denominación, Vinos de Calidad Islas Canarias – Canary Wine que nace con la intención de comercializar los vinos de todas las islas bajo un mismo paraguas, con la posibilidad de utilizar uvas de cualquier parte del archipiélago. Esto ofende la sensibilidad de quienes inicialmente están apegados a su isla.

Sin embargo, algunos productores, como Viñátigo, prefieren utilizar el DO genérico, Islas Canarias, para fines de exportación, porque “nadie en Estados Unidos o Reino Unido sabe dónde está Ycoden-Daute-Isora“, según Juan Jesús Méndez, Gerente Director de Bodegas Viñátigo (exporta el 60% de sus 18 etiquetas, cuatro de las cuales están disponibles en Hallgarten en Reino Unido).

No todo lo que produce Tenerife es excelente: alrededor de la mitad de su vino se vende a granel. A menudo se beben en restaurantes locales llamados “guachinches”, creados por los viticultores para vender sus excedentes, acompañados de ricos platos culinarios. Sin embargo, sus mejores vinos ahora son reconocidos mundialmente. El hecho de que los mejores viñedos se vendan ahora hasta 120.000 € la hectárea, más que cualquier otra región de España, es una prueba de ello. Ahora, gracias a productores dinámicos como Altos de Trevejos, Borja Pérez, Envínate, Suertes del Marqués… Tenerife redescubre sus glorias pasadas e incluso las supera. Tacoronte-Acentejo, Valle de la Orotava e Ycoden-Daute-Isora fueron las tres primeras zonas de producción que lanzaron una pequeña revolución vitivinícola en Tenerife.

A partir de la próxima semana, presentaré mis vinos favoritos, región por región, comenzando por Abona y Taroconte-Acentejo.

Marie-Louise Banyols