Comenzábamos este año la vendimia con más de una semana de adelanto, a principios de agosto y hemos terminado a mitad de octubre, tres semanas antes de lo habitual en una cosecha que ha venido marcada por la falta de suficientes horas de frio en el invierno, lo que motivó una brotación irregular, que además trajo pocas fructificaciones, no debemos olvidar que la vid es una planta vecera, lo que seguido de un año muy seco con una pluviometría registrada que no llega a la mitad de lo habitual, se ha traducido en una cosecha muy corta en cantidad con un descenso superior al 40% respecto a la media de los últimos años, y con adelanto en la recolección.

El descenso de producción ha sido prácticamente igual en todas las variedades, por lo que se reflejará por igual en todos nuestros vinos.

Sin  embargo, como todo no puede ser malo, el descenso de producción  se traduce en un aumento de concentración en la uvas, de las que hemos obtenido vinos con muy buena acidez, frescos, con capacidad de envejecimiento en general, aromáticamente muy intensos, y en el caso de los tintos más cubiertos de la habitual y con buena concentración tánica, que pena que haya tan poca cantidad. 

Mientras nos preparamos para disfrutar de estos vinos excepcionales con los nos ha querido compensar la naturaleza, tenemos ya puesta la vista en el cielo, esperando por las deseadas lluvias que ayuden a las viñas a recuperarse para que el próximo año nos puedan dar una cosecha algo más abundante.

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