Del cuarto de botella (Split) a la Solomon, con capacidad para 18 litros, la tipología de botellas dedicadas a guardar el vino abarca una decena de receptáculos con denominaciones de lo más curiosas y variopintas. Situada entre la Standard (0,75 litros) y la Jerobam (3 litros), laMagnum constituye una apuesta por la optimización en afinado y facilidad de manejo.

A pesar de su tamaño, visible a todas luces, la Magnum puede pasar desapercibida ante la mirada del comensal que echa la primera ojeada a la disposición en la bodega del restaurante. No por nada, sí quizá por “tozudez” en la tradicional aceptación de la botella Standard (0,75 litros).

Que se redoble la capacidad del continente a un litro y medio no sólo va a propiciar un envejecimiento más lento del elixir sino que, además, el contenido va a ganar en atributos. No es capricho, por tanto, que el enólogo y bodeguero haya buscado sensaciones mucho más allá de las estéticas –aunque éstas sean evidentes en los diseños- con este interesante formato.

Con la grata virtud de no seguir los “abc” comerciales, Méndez entendía que Viñátigo estaba preparado para romper una lanza a favor de un calibre que nunca se extendió entre los elaboradores del Archipiélago; al contrario, supone más bien una rareza.

Más singularidad aún es que el impulsor haya decidido embotellar en esta configuración que proporciona tanta calidad de nada menos que de seis de las vinificaciones con Casa Matriz en La Guancha: Gual, el Marmajuelo; el Vijariego Blanco y el Negro; el Ensamblaje Tinto y el Ancestral Blanco, todas adscritas a la DOP Islas Canarias.

Un derroche de estrategia y de confianza en las corrientes de la alta restauración y en una dimensión del vidrio apta para consumir en grupos con un rendimiento excelente en volumen-calidad-precio.

Ini-GUAL-able. Hay estudios que afirman que la velocidad de evolución del vino es inversamente proporcional al tamaño de la botella; así que de antemano se podría presagiar un resultado esplendoroso de uno de los varietales de Viñátigo, el Gual. Amarillo pajizo, limpio y brillante en la fase visual, con una intensidad aromática en la que resaltan los ahumados, el jazmín, el melón y la piña tropical.

El tamaño es manejable, para que sumilleres y para consumidores son tengan que realizar grandes escorzos en el servicio. Claro que presenta exigencias: de momento, Viñátigo ha lanzado una serie extralimitada por cada referencia, lo que supone menos de 50 Magnum, meticulosamente numeradas.

Las expectativas son grandes. Pero, ¿cómo evolucionarán estos vinos al ser la primera vez que van a descansar en este seno de doble amplitud?

La intuición y las pruebas atestiguan que serán óptimas, también en primor organoléptico. Todo bueno se puede esperar del Marmajuelo,siempre sublime en nariz, con esos matices definitorios de maracuyá y hoja de higuera; tan firme y persistente en boca como de largo post gusto.

Salta a la vista. No falta detalle en la puesta en escena tampoco. Las unidades se presentan en espectaculares estuches de diseño de cartón reciclable. Se ha pretendido reflejar la exquisitez como la otro de esos vinos portentosos, el Ancestral Blanco (variedad gual), con peculiar tanicidad e inusual en el mundo de los blancos.

La Magnum va a redondear una elaboración  que se caracteriza en la fase olfativa por el predominio de plantas aromáticas, como el romero), además de la tonalidad alta del amarillo si apreciamos “con curiosos horizontes” nuestra copa.

Para muchos conocedores de los secretos de la vinicultura, la Magnum es la que asegura unas mejores condiciones de evolución del contenido que guardan. Eso pretende lograr Juan Jesús Méndez con las referencias ya descritas, así como con la Vijariego Negro, de capa alta, rojo granate y tonos violáceos, y una gran expresión olfativa que recuerda a violetas, frutos negros, chocolate negro y especias.

Este vino es de gran paso en boca, rotundo, y mantiene la agradable persistencia en boca. La Magnum, con el citado embalaje de llamativo diseño, también va aportar idoneidad al Viñátigo Ensamblaje Tinto, un excelente coupage de baboso negro, tintilla y vijariego negro que deslumbra por su carácter rotundo.

En definitiva,  otra contribución más de Bodegas Viñátigo para la puesta en valor del amplio patrimonio varietal vitícola que existe en Canarias y en la línea vertebradora de un proyecto sin límites que ya ha cumplido un cuarto de siglo de andadura.

Fran Belín.-

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