El pasado 29 de diciembre nos dejó Juan. Quiero recordarle desde este blog de Viñátigo, porque sin duda alguna este proyecto es y será un fiel reflejo de muchos de los valores y pasiones que nos inculcó.

Suerte enorme la de haber tenido unos padres tan excepcionales, Juan y Chicha, que desgraciadamente ya hace unos años que también partió.

Muy humildes, de familias con muy pocos recursos, pero con valores que suplieron esas carencias materiales con creces.

El respeto a los demás, el espíritu de sacrificio sin fin, la constancia, la fe en ti mismo, el espíritu de superación, el amor por el trabajo bien hecho, han sido entre otros, valores que me transmitieron y que han sido decisivos tanto en mi vida personal, como en mi trayectoria profesional y empresarial.

Desde muy pequeño me inculcaron la importancia de estudiar, era la herramienta clave para conseguir la anhelada superación en la vida, para que los hijos no tuviésemos que sufrir las necesidades que pasaron ellos. La escases de recursos familiares obligó a realizar importantes sacrificios para afrontar los gastos derivados de los estudios. No fue fácil, pero lo logramos, y hablo en plural, porque fue mérito de todos.

No puedo dejar de recordar en estos momentos aquellos fríos días de febrero en La Guancha, cuando aun yo era un niño pequeño, épocas de poda, mi padre podaba y nosotros amarrábamos detrás. Su obsesión por el orden, la perfección y el trabajo bien hecho le acompañó durante toda la vida, y en esta faceta también hacia acto de presencia, los parrales tenían que quedar “planchaditos”, no nos permitía que dejásemos una vara más alta que las demás. Desde estas edades tan tempranas ya me fue transmitiendo el interés y la pasión por la viticultura, que más tarde se vería incrementada por el abanico de conocimientos que se me abrieron por mis estudios de Ciencias Químicas, y que me permitieron afrontar con éxito la aventura de Viñátigo.

Compatibilizó durante toda la vida sus labores agrícolas, con el trabajo en su pequeño taller de zapatería, donde también afloraban sus inquietudes perfeccionistas. Conservo, como oro en paño, los últimos zapatos que me hizo a medida exacta de mis pies.

Ellos ya no están, pero en nosotros quedará su recuerdo para siempre, además de unos conocimientos y valores a los que hemos tratado de ser fieles y que hemos tratado de transmitir, de la misma manera que ellos hicieron con nosotros, a las generaciones siguientes, lo que evidentemente es uno de los mejores homenajes que les podemos hacer.

Viñátigo como proyecto, también es un exponente de esto, representa el esfuerzo, el espíritu de superación, el amor por el trabajo bien hecho, la constancia y perseverancia, un homenaje vivo a su legado.

Gracias Papá que acabas de partir, gracias Mama, que nos dejaste hace ya unos años, gracias a los dos por haber sido unos padres maravillosos, que Dios os tenga en el lugar que os merecéis, ¡hasta siempre!.

Juan Jesús Méndez Siverio.
Director de Bodegas Viñátigo

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